9 abr. 2013

Sobre lo gratuito y la libre difusión de contenidos.

Imagen tomada de un parche de Microcosm Publishing


Reconozco que desconozco los entresijos del copyleft, del creative commons (este por encima) y demás mecanismos para la libre difusión por la red. No tengo idea y a parte siempre me ha dado un poco de pereza, craso error tal vez.
El caso es que como odio la burocracia lo último que quería a la hora de hacer fanzines era enmarañarme en trámites, registros y demás pequeños dramas. Así que hice. Cuando pedí colaboración hicieron y yo difundí. Pero hoy ha ocurrido algo en facebook y me ha hecho reflexionar sobre la difusión gratuita de los contenidos por la red.

Creo que el hecho principal por el que soy favorable a la difusión libre y gratuita y al compartir sin cortapisas es que no soy profesional de lo que hago. Ni lo pretendo. No quiero conseguir reconocimiento, ni dinero con los fanzines. No quiero que los fanzines sean una línea de mi curriculum. No me interesa que "consten". Yo hago y suelto al ire. Como quien mete un mensaje en una botella y la libera en el océano. No te preocupas por el acuse de recibo. Escribo, dibujo, recopilo, lo que sea. Lo fotocopio y grapo y vendo. Porque el objeto es parte del proceso y razón de ser también. Es el hecho tangible. Por eso existe y debe existir en fanzine físico en el universo de Bombas para Desayunar. Sin él no sería nada. En el manifiesto lo dejé claro: no se busca en enriquecimiento monetario. Pero es indudable que enriquecimiento hay: personal, creativo, anímico, emocional. Hay empoderamiento a tope gracias a los fanzines. Hay conexiones brutales. Hay personas increíbles. Hay conocer, conocer, conocer. Aprender. Tener ganas de hacer. ¿Cómo se mide eso? ¿Cómo figura en el libro de cuentas? ¿Cuanto espacio ocupa?

No me planteo que nadie coja un dibujo de Fuerzas Absurdas y lo firme como propio. ¿Alguien haría eso? No creo que nadie coja una foto de una verja de La Calle Salvaje y la venda a Ikea, quienes la explotarán como póster que miles de personas colgarán en sus apartamentos entre estanterías Expedit ganando así miles de euros. ¿Y si lo hacen? ¿Y si una mente perversa y ladrona coge algo que he creado yo y se forra a mi costa? Pues no lo sé. Igual lloro, o me tiro por un puente, o mato a esa persona. Pero voy a creer que eso va a pasar ¿entonces cómo funciono? ¿Me dedico a registrar en la propiedad intelectual o donde sea que se registre eso cada garabato de mierda que haga? o mejor ¿no hago nada? ¿Prefiero correr el riesgo de que alguien me plagie o me usurpe y a cambio hacer las cosas como me salen, con cosquilleo, con el amor que me genera lo desorganizado y además conocer a gente, conocer publicaciones, conocer movimientos, conocer un montón de cosas? ¿O lo legalizo todo? Que todo sea demostrable, justificable, que esté bien registrado y que sea mío, mío y MÍO.

Hablo de fanzines, de los de Bombas para Desayunar. Y es una opinión como otra cualquiera (citando a Arakis). Adoro la libertad que ofrecen los fanzines, es lo que quería o lo que siempre he buscado sin saberlo. Me gusta hacerlos y que sean únicos, me gusta el proceso que sigo para realizarlos, me gusta que a la gente le gusten, me gusta regalarlos y cambiarlos. También me gusta que la gente se los pueda descargar y que hagan con el mísero "pdf" lo que quieran. Las mejores cosas que conozco las he conocido gracias a la gente que las ha compartido pero que anteriormente las había generado. Posiblemente pocas de esas personas ganaron dinero con ello. Y si lo hicieron, ocurrió aunque se compartiese libremente. Yo no gano un duro, pero me enriquece lo que hago hasta un extremo inimaginable. Y ojalá lo que hago yo sirva para que otrxs se enriquezcan, es por eso que defiendo firmemente la difusión y gratuidad. Y es por ello que eso seguirá siendo la seña de BPD hasta que BPD desaparezca.


- Andrea Galaxina.

3 comentarios:

  1. Hola Andrea, A mí me gustan tus fanzines, y me enriquecen, espero que BPD dure mucho. Un abrazo.

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  2. Ofreciendo cultura gratuita aportamos nuestro pequeño granito a la revolución.
    Lena Garcia & Mathew Smith

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